LAS OPORTUNIDADES DE APRENDER SON INFINITAS. LA PLASTICIDAD CEREBRAL.

Hasta hace relativamente poco, se pensaba que el cerebro adulto era incapaz de cambiar. Sin embargo, numerosas investigaciones han demostrado que el cerebro es flexible y capaz de adaptarse sin existir para ello un límite de edad.

 

Naturalmente un cerebro envejecido se vuelve menos maleable y requiere para aprender de mucho más tiempo, pero eso no significa que no sea capaz de generar células nuevas y establecer nuevas conexiones, al menos en algunas regiones del cerebro. Esta capacidad de adaptación continua es la plasticidad cerebral, y depende fundamentalmente de cuánto se usa el cerebro.

El cerebro adulto tiene unos cien millones de neuronas. Casi todas las neuronas se generan antes de nacer. Entre los días 40-100 del embarazo, el feto alcanza el número máximo de neuronas que formarán la corteza cerebral, un número que jamás volverá a tener. Durante el desarrollo del sistema nervioso central tiene lugar una sobreproducción de neuronas, es decir, se generan muchas más neuronas de las necesarias. Así, cuando el niño nace, tiene un stock de células nerviosas muy elevado. Al proceso de nacimiento de neuronas y se le conoce como Neurogénesis.

Sin embargo, tan importante para el desarrollo es esta Neurogénesis, como la selección y eliminación de neuronas que tiene lugar posteriormente. La muerte neuronal o Apoptosis sucede en cantidades importantes durante el desarrollo normal. Se estima que la tasa de muerte neuronal alcanza entre un 25%-75% de las poblaciones iniciales en el último periodo prenatal y en el periodo postnatal temprano. La muerte neuronal es una fase del desarrollo tan importante como la neurogénesis.

La cuestión es ¿Por qué mueren las neuronas? ¿Para qué nacen tantas si después han de morir?

Pues bien, las neuronas tienen que establecer contacto con otras neuronas. En estos contactos entre neuronas se forma una estructura especializada en transmitir señales, y a esta transmisión es a la que conocemos como Sinapsis. Debido al elevado número de neuronas, el número de sinapsis que establecen es también muy elevado, formándose numerosas sinapsis provisionales. 

Durante el periodo postnatal, el sistema nervioso experimenta un remodelado que es fundamental para su correcto funcionamiento. Este remodelado incluye una gran eliminación de sinapsis, que da lugar a una mejora de las conexiones. Muchas neuronas mueren, desapareciendo así los contactos que habían formado.
La reorganización sináptica aporta precisión y eficacia en los contactos sinápticos, eliminando muchos de los que no se han utilizado, y por lo tanto son superfluos, y conservando los que han mostrado eficiencia en su actividad neural.

Por lo tanto, el periodo postnatal, lo que conocemos como primera infancia, es un periodo en el que las experiencias que vive cada individuo, con la mayor o menor actividad neural que provocan, marcarán el destino que sus contactos sinápticos tendrán más adelante, eliminándose los que no se han usado y reforzándose los que sí. Esta eliminación de neuronas no está totalmente determinada por los genes, sino que el sistema nervioso tiene una capacidad de cambio que permite afinar de un modo muy preciso los circuitos en entornos cambiantes para un funcionamiento óptimo. Durante el primer año de vida, el cerebro humano cambia de forma espectacular. Poco después del nacimiento, el número de conexiones comienza a aumentar rápidamente, llegando incluso a superar los niveles adultos.

El medio afecta al desarrollo cerebral en las fases tempranas de la vida. Existen periodos críticos o ventanas de desarrollo, en las que la experiencia determina el desarrollo del cerebro. Los entornos enriquecidos ocasionan en el cerebro la formación de más conexiones que los entornos empobrecidos.
Cuando nace un bebé, sus conexiones cerebrales comienzan a crecer y a cambiar. Qué conexiones sobrevivirán y cuáles se desvanecerán y morirán dependerá no solo de los genes que el bebé haya heredado de sus padres, sino también, en parte, de sus experiencias tempranas.

Siguiendo esta línea ¿deberían los bebés ser expuestos a cuantas experiencias de aprendizaje fuera posible durante estas fases tempranas?

No forzosamente. Experimentos realizados con monos han demostrado que las densidades sinápticas alcanzan los niveles máximos entre dos y cuatro meses después de nacimiento, y luego comienza la poda. Las densidades sinápticas bajan entonces gradualmente hasta que los monos llegan a los tres años (momento de su madurez sexual). Pero el desarrollo de los monos es mucho más rápido que el de los seres humanos, por lo que esta edad de tres años puede equivaler a una edad de entre 10-12 años en los humanos. Las oportunidades de aprendizaje no sólo aparecen en edades tempranas, sino que hay que disfrutarlas durante toda la vida. Los entornos precarios nunca son buenos para el cerebro. Las privaciones son, sin duda, malas. Pero el enriquecimiento del medio tal vez no es forzosamente bueno para el cerebro. No hay evidencias de que la enseñanza de destrezas académicas como lectura, lógica o matemáticas mediante la utilización de tarjetas ilustrativas o materiales audiovisuales, sea beneficiosa para el desarrollo cerebral.

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