¿POR QUÉ MI HIJO COGE ESAS RABIETAS?

 Cuando tenemos un hijo nos tenemos que armar de PACIENCIA, CONSTANCIA y SENTIDO COMÚN. ¿A quién no le han dado ganas de darle un cachete a su hijo en ese momento en que se tira al suelo, arranca en ese llanto sin fin y grita como si no hubiera un mañana? Pues sí, desgraciadamente este tipo de anécdotas vienen incluidas en ese maravilloso “proyecto” que es educar a un hijo.

 Pero, ¿por qué lo hacen? ¿Por qué se empeñan en montar esos numeritos de los que nadie sale bien avenido? Pues bien, claro está, que si ellos conocieran otra forma mejor la utilizarían para alcanzar sus fines, pero los niños no poseen las habilidades que poseemos los adultos para afrontar situaciones nuevas. Debemos comprender esto para ser PACIENTES. Todos los padres quieren saber la fórmula mágica para que sus pequeños comprendan que no deben coger una rabieta y que hay otra manera mejor de hacer las cosas, pero llegar hasta ese objetivo requiere un trabajo, no existe dicha fórmula, sino un camino de técnicas que debemos aplicar de forma constante y coherente.

Cuando un niño de corta edad empieza a repetir esas temidas palabrotas, es muy común que a las personas de su entorno les haga gracia. El niño es pequeño, no sabe lo que dice, y no es grave que lo haga, así que empiezan a alternarse episodios en los que unos adultos le contestan con un “Eso no se dice” contundente, con otros en los que se ríen como consecuencia de que el niño diga esa palabrota. Pues bien, castigar a un niño un día, y reírle la gracia otro, e ignorarle otro, no le llevará a un correcto aprendizaje, por lo que es muy importante la COHESIÓN entre las figuras educativas.

Mientras somos bebés, necesitamos de nuestros padres para hacer todo, pero cuando abandonamos esa etapa, comenzamos a adquirir cierta autonomía, a reforzar las capacidades que teníamos, y a adquirir algunas nuevas. Nos vamos haciendo conscientes de que somos capaces de elegir y que no siempre estamos de acuerdo con lo que nuestros padres eligen para nosotros. 

Es una etapa de EGOCENTRISMO, del "esto es MIO". No es raro escuchar a una madre decir de su hijo “es que se ha vuelto un egoísta con los demás niños…”. Pues bien, no debemos preocuparnos demasiado, porque esa frase entra dentro del desarrollo personal y social del niño. Debemos explicar a nuestros hijos que es bueno que dejen sus juguetes a los demás niños porque sino quizá los demás tampoco le dejen a él sus juguetes en otra ocasión. Y si lo que quiere es un juguete de otro niño, le explicamos tranquilamente que no es suyo y que debe devolverlo.

Debemos distinguir bien lo que es una mala conducta y lo que es una rabieta. Las rabietas son una estrategia que el niño utiliza a partir de los dos años de edad aproximadamente, pero que con un una buena gestión, irán dando paso a otras estrategias más adecuadas. Sin embargo una mala conducta puede darse en chicos de edades avanzadas, y pueden durar toda la vida. Ante una rabieta se utiliza como técnica por excelencia la EXTINCIÓN (o ignorancia sistemática). El castigo no es la técnica apropiada para acabar con una rabieta, sino con una mala conducta.

Las rabietas vienen heredades de la etapa anterior a los dos años, nuestra etapa de bebés. En esta etapa no podemos expresar nada de lo que necesitamos, y la forma que usamos para tener cubiertas nuestras necesidades es el LLANTO. Cuando un bebé llora mamá y papá corren a atenderlo, y esta es la forma en que se comunican padres e hijos hasta que el pequeño aprende a hablar.

Cuando el niño empieza a tener esa autonomía a la que nos referíamos antes, comienza a intentar imponer su voluntad, y esto le llevará en muchas ocasiones al llanto. Pero no debemos olvidar que el niño ya no es un bebé, y que puede hacer otra cosa, comunicarse de otra forma, por lo que ya no debemos premiar su llanto ni darle lo que demanda, pues estaremos contribuyendo a perpetuar y generalizar las pataletas. Cuando tu hijo te pida algo llorando adopta una postura física frente a él, mírale a los ojos, y explícale tranquilamente que no se le dará nada si lo pide llorando. Si por ejemplo pide agua llorando, debemos decirle “si dejas de llorar mamá te dará el agua”, y en el momento en que se calme, por muy breve que sea ese momento, darle el agua, recompensando así la conducta deseada.

Pero ¿qué pasa si en lugar de agua quiere algo peligroso, por ejemplo, un martillo? Es obvio que aunque lo pida sin llorar y amablemente no podemos concederle su deseo. En este caso debemos explicarle “un martillo es una herramienta para trabajar y es peligroso, no es para jugar, y no te lo voy a dar aunque llores”. Si el llanto persiste vamos repitiendo el argumento sin darle ningún otro. Normalmente las rabietas tienen una segunda fase en la que el niño llora sin recordar ni siquiera lo que demandaba, y lo único que le importa ya es conseguir afecto. Este es el momento de DAR AL NIÑO ALTERNATIVAS POSITIVAS que le ayuden a olvidarse de porqué llora y desvíen su atención. Hay que recordarle aquí que si deja de llorar le ofreceremos la atención que solicita y podemos hacer alguna actividad con él, como jugar a algo juntos.

Esperamos que nuestros consejos os sirvan en esta dura tarea de educar a vuestros hijos. ¡Os iremos dando más consejos para acabar con las temidas rabietas!

Educa a los niños y no será necesario castigar a los hombres.
Pitágoras

 

Eva M. Hernández



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