EL VÍNCULO DE APEGO

Todos los que tenemos hijos conocemos bien el término “Apego”. Es ese vínculo afectivo que se instaura entre el bebé y sus cuidadores, cuya principal función es procurar la supervivencia y cuidados del bebé. Aunque los tiempos cambian, la mamá sigue siendo la principal cuidadora y figura principal de este vínculo con el bebé. Se pueden establecer más de un vínculo de apego, pero siempre hay un orden jerárquico en función de la relevancia que las figuras de cuidado tengan para el niño.

Cuando este vínculo está bien establecido, se manifiesta en conductas adaptativas orientadas a mantener la cercanía y el contacto con las figuras de apego. Se desarrolla en distintas fases y aproximadamente al finalizar el primer año el bebé puede presentar apego ya a distintas figuras. Aunque el niño puede establecer vínculos toda la vida, éste primero sienta un precedente para todos los siguientes.

La Psicóloga Mary Ainsworth y sus colaboradores diseñaron un protocolo de observación para evaluar el grado de seguridad que el niño deposita en la madre. Su estudio se centró en los efectos que la presencia/ausencia de la madre tiene sobre la conducta del niño. Este protocolo de observación recibe el nombre de “Situación extraña”, y consta de 8 episodios de separaciones y reencuentros entre la madre y el niño. Se introduce un extraño en la escena y se observó cómo cada niño valoraba las situaciones de distinta forma en función de la calidad y solidez del vínculo con la madre. 

En youtube podéis encontrar varios videos que muestran los distintos tipos de apego que detallamos a continuación. Tras las observaciones de los distintos niños que participaron en este estudio, se describieron los siguientes apegos:

Apego seguro: se considera que el niño tiene un apego seguro cuando disfruta de los juguetes en presencia de la madre, pero detiene su exploración cuando ella abandona la sala. Los niños con apego seguro se alegran de la proximidad de su madre y recuperan fácilmente la tranquilidad cuando ella regresa. Este patrón indica que la madre es percibida por el niño como una base segura desde la que explorar el mundo.

Por el contrario, hablamos de un apego inseguro cuando la conducta del niño revela inseguridad en el vínculo afectivo. Entre los apegos inseguros distinguimos:
Apego evasivo o evitativo: los niños con apego inseguro tienen un patrón casi opuesto al de los niños con apego seguro. No muestran ansiedad cuando la madre sale de la sala, ni tampoco tienden a saludarla cuando regresa. Sus reacciones no son muy diferentes a cuando entra un extraño. Suelen mostrar signos de ansiedad sólo cuando se les deja sólos.

Apego resistente o ambivalente: los niños muestran signos de ansiedad tanto cuando su madre está como cuando no está presente. Cuando abandona la sala lloran y patalean, pero cuando vuelven no se muestran consolados, sino enfadados. Existe una ambivalencia, pues el niño quiere la proximidad de la madre, pero cuando la tiene no expresa afectividad hacia ella, sino que la rechaza.

Existe otro tipo de apego que llamamos Apego desorganizado o desorientado, en el que el niño muestra un comportamiento imprevisible, inestable, contradictorio, y que no parece responder a ninguna organización lógica. Se cree que el temor y la falta de coherencia de estos niños responde a las reacciones imprevisibles y atemorizantes del adulto. Se considera que este apego es el más dañino para los niños y se relaciona con las peores consecuencias en el futuro.

Un apego seguro hará creer al niño que la persona amada estará siempre ahí para cuidarlo y protegerlo, y que su ayuda será incondicional. Este primer apego motiva un modelo interno que puede condicionar las restantes situaciones, las futuras relaciones con otras personas. El 72% de los adultos mantiene el estilo de apego que construyó en la infancia, el 28% restante lo modifica para adaptarlo a nuevas situaciones a lo largo de sus vidas.

Los niños con apegos inseguros tienden a generar hostilidad en los demás, provocando antipatía y haciendo que los demás reaccionen a ellos de forma agresiva, lo que les lleva a confirmar su modelo inicial, un modelo interno que han desarrollado y que les hace creer que no pueden confiar ni disponer del otro siempre que lo necesiten. Los niños que desarrollan un apego seguro son más empáticos, socialmente más competentes y con más amigos.

 

 

Fuente: J.A. García Madruga, J. Delval y otros. "Psicología del desarrollo I"Librería UNED

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