PSICOLOGÍA DEL SUEÑO. APRENDER A DORMIR SOLITO.

Aunque dormir es algo innato, que hacemos de forma natural, la conducta de irse a dormir es una conducta que se aprende. El insomnio infantil se debe, en la mayoría de los casos, a un hábito mal adquirido. Por sorprendente que parezca, así es. Por ello, vamos a ver algunos consejos a tener en cuenta para enseñar a nuestros pequeños a irse a dormir.


Durante los primeros años de vida, una correcta higiene del sueño garantiza un correcto desarrollo de nuestros hijos. Aunque los niños no son todos iguales, y su temperamento influirá en este aprendizaje, hemos de enseñarles a irse a dormir solitos, y no ceder a sus llantos, pataletas y chantajes emocionales.
Cuando hablamos de irse a dormir, no nos estamos refiriendo solamente al momento de ir a la cama, sino también a volver a dormirnos cuando nos despertamos por la noche. Un niño pequeño puede despertarse entre 5 y 8 veces cada noche, más aún si padece insomnio infantil.

Algunas consecuencias del mal sueño son:
 - En niños pequeños: irritabilidad, llanto fácil, posibles problemas de crecimiento, falta de atención.
 - En niños en edad escolar: problemas académicos, inseguridad, mal carácter, cansancio, falta de atención.

Las principales características del insomnio infantil son:
 - Dificultad para iniciar el sueño solo.
 - Múltiples despertares nocturnos.
 - Sueño superficial.
 - Menos horas de sueño.

Para los padres, el insomnio de sus hijos se convierte en un insomnio propio. El cansancio, la frustración, la impotencia, el sentimiento de culpa, hacen que los padres sientan que han fracasado en una tarea que, a priori, se supone sencilla. A veces aparecen los reproches, pues no existe consenso en la forma de actuar entre la madre y el padre, y acabamos acusándonos de haberle mimado mucho o de haberle educado mal.
A esta situación hay que sumar los consejos de nuestros amigos, familiares, vecinos, etc, que parecen saber más que nosotros mismos en cuanto a lo que dormir a un niño se refiere. Todos los consejos son bienvenidos, pero parece que no dan resultado, música, infusiones, paseos…y un largo etcétera que no nos llevan a ninguna parte.


El ciclo circadiano de un adulto marca su reloj biológico. Es necesario mantenerlo para que el cuerpo funcione correctamente. Por eso, cuando nos saltamos una comida o dormimos menos horas, nuestro reloj se desajusta y nos sentimos mal física y anímicamente. En el caso de un bebé recién nacido, este ciclo se repite cada 3-4 horas, y va aumentando de forma progresiva hasta la edad adulta. Para que este reloj funcione bien, necesita unos estímulos externos:

 - Luz-Oscuridad y Ruido-Silencio: el niño irá aprendiendo que cuando durme por la noche todo está mas oscuro y silencioso. Durante el día le dejamos dormir con un poquito más de luz y sin evitar los ruidos externos. De esta forma su reloj biológico irá haciendo el cambio al ritmo de 24 horas con periodos de sueño nocturno cada vez más largos.
 - Horario de comidas: desde que nace, el niño asocia la comida al sueño. El bebé se alimenta y duerme. A medida que pasan las semanas, las tomas se van reduciendo, siendo la toma nocturna la de más peso, para lograr que pueda dormir más horas seguidas.
 - Hábitos del sueño: el niño tiene que aprender a conciliar el sueño por sí solo. Para ello es necesaria la adecuada actitud de los padres, y unos elementos externos.

Los papás tienen que ser capaces de transmitir a su hijo la seguridad que necesita para entender que quedarse sólo y conciliar el sueño por sí mismo es lo más normal del mundo. Si cuando vemos que nuestro hijo no quiere dormir solo y llora comenzamos a experimentar y a probar un día una cosa y otro día otra, lo que vamos a transmitirle es justo lo contrario. Le estamos diciendo que estamos inseguros, y vamos a hacer que él también se sienta así.

Igual que a la hora de comer sentamos a nuestro hijo en la misma sillita, y le damos su cucharita, babero y demás elementos relacionados con la comida, a la hora de dormir tenemos que elegir estos elementos externos que el niño asociará con el sueño. Si acunamos a nuestro hijo para que se duerma, cuando se despierte en mitad de la noche, reclamará que le acunemos, pues ese es el elemento asociado al dormir.

Cosas que es mejor evitar hacer antes de ir a dormir:
 - Darle agua.
 - Mecerlo.
 - Darle la mano.
 - Llevarle a nuestra cama.
 - Darle un biberón.

¿Qué nos ocurriría a nosotros si nos despertamos en mitad de la noche y nos encontramos durmiendo en el sofá en lugar de en nuestra cama? Seguramente nos preguntaríamos asustados qué ha pasado y qué hacemos ahí. A un niño le ocurre lo mismo, llora cuando se despierta porque la situación que se encuentra en un despertar nocturno no es la misma que existía cuando se durmió.

El primer elemento que va asociado al sueño es la cunita o la cama. Nada de dormir en el sofá o en la cama de papá y mamá. Le podemos dar un osito, una mantita, o cualquier elemento que no le vayamos a quitar. Pero no debemos quedarnos esperando al lado a que se duerma. Tan sólo dejaremos al niño con aquellos elementos que, en caso de despertarse, encontrará de la misma forma que cuando se durmió.  La mejor forma de llevar este aprendizaje es crear una rutina antes de ir a dormir. Hay que elegir la hora de cenar y de acostarse. Entra las 20 y 20:30 en invierno y 20:30 y 21 horas en verano. Está demostrado que a estas horas el sueño aparece con más facilidad.

¿Qué es lo normal en un niño de 6-7 meses? A partir de esta edad, el niño puede mantenerse despierto, bien por excitación, bien para ver lo que acontece alrededor, no querrá perderse nada. Hay veces que incluso el propio cansancio le impide dormir (igual que nos ocurre a los adultos). Aquí hay que ser más firmes que nunca en la rutina previa a la hora de acostarse. Si vamos a compartir un rato agradable antes de ir a dormir, intentaremos que sea una actividad relajante, nada de juegos ni de cuentos excitantes.

En definitiva, no ayudéis a vuestros hijos a dormir formando parte activa a la hora de conciliar el sueño. Vuestro hijo ha de aprender solito, a ser posible cuando tiene menos de 6 meses. No pedirá más que encontrarse aquellos elementos con los que se durmió. Cuando se despierte, allí estarán el osito, la mantita y el chupete...todo en orden y listo para dormir de nuevo con tranquilidad.

 

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